Arte y cultura

120 artistas latinoamericanas en San Pablo

La exposición "Mujeres radicales: arte latinoamericano, 1960-1985" cuenta con el trabajo de 120 artistas en más de 280 obras.
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Mientras que el 2018 fue el año de muchos debates sobre los derechos de las mujeres todavía estamos muy lejos de un escenario igualitario.

En la discusión latente, la Pinacoteca de São Paulo presentó a lo largo del año una agenda feminista con exposiciones de mujeres como Hilma af Klint y Valeska Soares. Su nueva exposición va más allá: más de 280 obras de arte de 120 mujeres latinoamericanas.

En "Mujeres radicales: arte latinoamericano, 1960-1985", abierta a partir del 18 de agosto hasta el 19 de noviembre, los visitantes pueden conferir el trabajo de artistas de 15 países diferentes. 

La curaduría está firmada por la historiadora venezolana Cecilia Fajardo-Hill y la investigadora argentina Andrea Giunta, con la colaboración de Valeria Piccoli. Antes de llegar a la capital paulista, la muestra pasó por el Hammer Museum (Los Ángeles) y en el Brooklyn Museum (Nueva York).

Para entender más sobre la nueva exposición, hablamos con Andrea Giunta. 

¿Cuál fue el punto de partida para la investigación?

Andrea Giunta: Elegimos comenzar con los años 60 debido a que es cuando el cuerpo gana presencia en las obras. Antes de esa década, principalmente durante la posguerra, las artistas realizaban obras abstractas. En Brasil, nombres como Lygia Clark y Lygia Pape ganaron reconocimiento por esas expresiones.

¿El arte dejó de ser político con el fin de la dictadura?

Las obras son políticas porque contradicen el sistema artístico dominante. En el período que la exposición retrata, estas fueron doblemente políticas, por ser creadas en un contexto de dictadura y por poseer el carácter de denuncia. No hay duda que varias artistas de la exposición vivenciaron la violencia de la dictadura en sus propios cuerpos. Las uruguayas, en particular, pasaron por la cadena y el exilio. La violencia contra las mujeres sigue existiendo y el arte es capaz de denunciar y actuar como un medio estético de concientización - no sólo de la violencia, sino también del derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos.

¿Usted ve una evolución de la noción de lo femenino durante este período?

Desde el final de los años 60, ocurre la instauración de la segunda ola del feminismo que caracteriza ese "momento cultural". La conciencia colectiva acaba generando muchas obras que problematizan el lugar de la mujer, el erotismo, la sexualidad, la maternidad y la identidad.

Esto también hace posible entender que hay muchos puntos de contacto entre estas obras. Por lo tanto, no hay evolución, sino un horizonte cultural compartido.

Como curadoras feministas, analizamos sus trabajos a partir de los instrumentos proporcionados por el feminismo. A veces, las artistas ni querían ser identificados como mujeres: el canon patriarcal entiende que la diferencia entre artistas masculinos y femeninos es inválida y que sólo la calidad cuenta. Ellas querían ser valorados por la calidad de sus obras y no por ser mujeres. Lo que yo preguntaría, en ese caso, es  ¿Qué es calidad en el arte? ¿Cómo se define? No he recibido una respuesta hasta ahora. Mi conclusión es que la noción de calidad es una ideología instrumentalizada para mantener una articulación en el mundo del arte donde las mujeres no son representadas de manera igual. En general, no constituyen más del 30% en el mejor de los casos.

¿Cuál es el aspecto más pionero en el trabajo de las artistas?

Lo que creo absolutamente radical es que ellas representaban un nuevo cuerpo. El cuerpo femenino hasta aquel entonces sólo había sido representado por la mirada patriarcal o el deseo masculino. Históricamente, las mujeres forman parte de las colecciones de museos por sus retratos y desnudos hechos por artistas masculinos.

La mirada del viisitante se transforma, se vuelve introspectivo, navega el cuerpo, las emociones y papeles sociales. Ocurre una revolución iconográfica, pues estas artistas inauguran temas anteriormente inexistentes en el arte. 

 

¿Cómo es posible ver el impacto de las nuevas narrativas - como vídeo - de la manera que entendemos el arte actualmente?

El video fue un instrumento de expresión que les permitió explorar identidades en tránsito y procesos de empoderamiento. El video, así como la fotografía, estaban íntimamente ligados a la performance, un lenguaje que también facilita los procesos de empatía de los espectadores con las obras. Estas artistas expandieron el lenguaje del vídeo por su contenido altamente experimental. Narcisa Hirsch, Pola Weiss, Ana Livia Cordero, Anna Bella Geiger, Leticia Parente, Ximena Cuevas son sólo algunos de los nombres presentes en la exposición que trabajan en este formato. Ellas introdujeron elementos conceptuales y técnicos que aún no se han estudiado en profundidad. Innovadores en todos los sentidos. Ayudaron a moldear y transformar un lenguaje.

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