Arte y cultura

Con rabia y amor

Invisibilizadas, borradas, olvidadas. Las heroínas musicales de Barbi Recanati cobran vida en Mostras del Rock, su novela gráfica ilustrada por Power Paola.
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La grabación del primer blues, la incorporación de cantantes afrodescendientes a las listas radiales, la invención de los sintetizadores, los sellos autogestivos y los primeros movimientos políticos en la música son algunos de los aportes esenciales de las mujeres que Mostras del Rock pone bajo el foco. La música y productora argentina Barbi Recanati revisa la historia del género “con rabia y amor” para alentarnos a descubrir y volver a escuchar bajo una nueva mirada.

El interés de Recanati por la música viene desde chica. “A los siete años vi en la tele la película American Pop. En un momento aparece fugazmente Grace Slick –la cantante de Jefferson Airplane–- haciendo Somebody to love. Fue la primera rockstar que vi. Automáticamente me di cuenta de que eso era lo que quería hacer”.

¿Y cuándo descubriste la falta de reconocimiento al aporte de las mujeres en la historia del rock?

Pasé una parte importante de mi recorrido musical, como consumidora y como artista, creyendo que a los hombres les interesaba hacer rock más que a las mujeres. Cuando detecté que ahí había algo más no tuve que escarbar mucho para encontrar otra verdad. Pensaba que PJ Harvey o Patti Smith eran una en un millón, pero lo cierto es que había muchísimas más. Algunas habían decidido no seguir por el camino mainstream dado que la industria musical capitalista se basa en la figura del hombre cis-hétero hegemónico. Cuando te alejás de ese modelo –mujer, lesbiana, afrodescendiente, trans– aumentan los obstáculos y la invisibilidad. 

Mostras del Rock se asemeja a una historieta. ¿Cómo decidiste darle ese formato? 

Comenzó siendo una serie de pódcasts en Futurock FM, un año después se transformaron en escritos. Cuando me ofrecieron hacer un libro imaginé una novela gráfica. Tenía que ser un cómic o un fanzine, ese es el tipo de publicación que me hubiese gustado tener en mis manos a los catorce años. Con la ilustradora Power Paola coincidimos en los aspectos más punk, fue muy lindo hacerlo juntas. 

Varias de las músicas reseñadas demuestran un profundo compromiso con la comunidad. ¿Creés que en la actualidad el rock sigue aportando a las causas sociales?

Para mí siempre cumplió un rol superimportante en la conquista de derechos. Me causa gracia escuchar que el rock murió. Cuando aparecieron las Kumbia Queer, en la época pos Cromañón, recuerdo haberme preguntado: ¿Existe algo más rock que esto? Eran unas chicas punk versionando en cumbia a Madonna en los antros donde eran menos aceptadas. El rock dice cosas que no escuchás en otro lado. Se lo da por muerto cuando se aleja de lo comercial. 

Al incluir la historia de mujeres que inspiran y acompañan a otras, el relato desarticula viejos conceptos acerca de los vínculos femeninos

En la música está muy instalado esto de que si ya tenés una mujer tocando no necesitás más. Eso genera fantasías de competencia. En las entrevistas siempre te preguntaban por “aquella otra” que sonaba al mismo tiempo que vos. Era una obsesión crear rivalidad. En lo personal, cada vez que necesito contención, ayuda o compañía, lo encuentro en mis amigas y pares.

Le dedicás el libro a tu mamá y a la música argentina Patricia Pietrafesa. ¿Por qué las elegiste?

Mi vieja y Pat influyeron de maneras muy distintas en mi identidad. Mi mamá me hizo sentir que no había diferencias entre mi persona y cualquier otra. Eso me generó algunos conflictos porque si bien me hizo fuerte, segura y auténtica, en el fondo esa equidad no era cierta. Patricia fue quien me hizo ver que existían infinitas realidades, me ayudó a entender el mundo de la música y me enseñó la importancia de la autogestión y lo cooperativo. No hubiese podido escribir Mostras de no ser por lo atrevida que me volvió mi mamá y lo consciente que me hizo Pat.

¿Qué te llevó a crear tu propio sello discográfico?

Goza Records nació de las ganas de aportar espacios nuevos a la escena musical. Es una respuesta a la desigualdad y también a la incomodidad individual que generan ciertos lugares. Todo progreso debe ser planteado de la manera más horizontal e interseccional posible. Lo ves claro en los festivales. Si la equidad arriba del escenario no se corresponde con la de las personas que están en la producción, la técnica o la curaduría, es casi imposible que la grilla funcione para todos los artistas. Se necesitan pares para cambiar las cosas. La inclusión debe estar presente delante y detrás de escena. 

Ubicación en tiempo real es tu primer disco solista. ¿Cómo resultó la experiencia de lanzarlo en un año tan atípico como el 2020?

Fue una casualidad muy estúpida, lo sacamos en febrero y programamos el lanzamiento para el 20 de marzo. El disco salió una hora después de que el Presidente anunciara el aislamiento social obligatorio. Ese día íbamos a estar tocando en Estados Unidos, un gran plan para manejar mejor la ansiedad del estreno. Muy lejos de eso, me quedé encerrada con toda la banda en una casa donde lo único que podíamos hacer era navegar por Internet. 

El disco fue nominado a Mejor Album de Música Alternativa en los Latin Grammy y apareció en varias listas entre los mejores y más escuchados del año. ¿Lo esperabas?

Fue una gran sorpresa. Como no habíamos podido salir a tocar ni hacer gira nos faltaba ese feedback. En septiembre nos llegó la nominación al Grammy y en diciembre empezaron a aparecer esos rankings locos. Nos impactó y nos alegró mucho la repercusión.

¿En qué estás ahora?

La pandemia me reconfiguró. Estoy trabajando en dos programas de radio, uno diario en Radio Nacional llamado Icupai y una columna en La hora animada por Futurock FM. Por otro lado, me estoy dedicando a la producción, la curaduría y la programación musical. Eso me hace muy feliz. Solo espero que vuelva la hora de salir a tocar y hacer canciones nuevas.

¿Cúal es tu Mostra favorita?

Patti Smith. Me formó musicalmente y me ayudó a ser yo misma. Me enseñó que para cantar solo tenías que tener algo para decir, aunque tu voz no fuese la mejor. Cuando era chica y buscaba referentes solo había tipos arriba del escenario. Hasta que la vi a ella, escupiendo y gritando hasta quedarse afónica o tirándose al piso. Ahí supe que no tenía que ser varón para hacer lo que quería. 

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