Moda

El origen del reloj de pulsera

Una pieza con un gran futuro.
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Retrato de Amelia Earhart, 1925. Imagen cortesía de New York Times Co.

Hay secretos que permanecen ocultos a lo largo del tiempo e indagar sobre ellos supone casi una labor arqueológica. Es el caso de la relación entre la mujer y el reloj, una historia —casi un romance— que se remonta al siglo XIX, pero de la que hoy se sabe poco o nada, ya que la historia de la relojería ha estado escrita y dirigida mayoritariamente por hombres. El reloj, accesorio masculino por excelencia, tiene un origen indiscutiblemente femenino. En L'Officiel repasamos los puntos clave del surgimiento de esta pieza universal.

ORIGEN

El primer reloj de pulsera, al que ni siquiera se lo consideraba reloj sino un brazalete, fue diseñado en 1810 para una reina; Carolina Murat, una de las hermanas pequeñas de Napoleón Bonaparte, quien encargó a Abraham-Louis Breguet (1747-1823) un mecanismo de gran complejidad montado sobre una pulsera compuesta con hilos de oro. Este modelo se sigue comercializando hoy. Unos años más tarde, en 1869, Patek Philippe fabricó su primer reloj pulsera para una aristócrata húngara, la condesa Koscowicz. Durante casi 100 añoseste tipo de modelos se consideraron exclusivamente femeninos: los hombre por aquel entonces no llevaban el reloj en la muñeca, sino enterrado en el bolsillo de su chaleco.

EN LAS ALTURAS

La Guerra de los Bóers en Sudáfrica, entre 1899 y 1902, precipitó el cambio: el clima impedía a los soldados británicos llevar chaleco y el único sitio donde podían llevar un reloj era en la muñeca. Sin embargo, los prejuicios seguían imperando en el mundo de la Alta Relojería. Hasta 1904 no se fabricó el primer modelo masculino de pulsera (aunque se le llamó «reloj de correa» para diferenciarlo de los modelos femeninos). Lo diseñó Louis Cartier para su amigo, el millonario brasileño Alberto Santos-Dumont, uno de los pioneros de la aviación. Este tipo de modelo comenzó a ser considerado socialmente aceptable poco después de la Primera Guerra Mundial.

DOS MUJERES QUE HICIERON HISTORIA

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Mercedes Gleitze, 1927. Imagen cortesía de Topical Press Agency/Hulton Archive.

En 1927, la nadadora inglesa Mercedes Gleitze atravesó el Canal de la Mancha con un Rolex Oyster, que patrocinó su hazaña anunciándose en el Daily Mailcon con el siguiente lema: «El reloj que desafía los elementos». Poco después, en 1932, la aviadora norteamericana Amelia Earhart cruzó el Atlántico con la única compañía de un cronógrafo Omega que registró las 12 horas del trayecto. Fue la primera mujer en hacer un vuelo en solitario de costa a costa sin parar y la primera persona en hacerlo dos veces, y todo en tiempo récord.

Ambas fueron pioneras que unieron sus nombres con el de las marcas que las patrocinaronuniendo feminismo y publicidad

ETERNA DECLARACIÓN DE ESTILO Y ELEGANCIA

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Lady Di en un partido de polo, 1981. Imagen cortesía de Graham Wood/Daily Mail/REX/Shutterstock.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Piaget, Jaeger-LeCoultre y Chopard impusieron una nueva estética más recargada. Mientras en los relojes masculinos primaba la tecnología, en los femeninos se acentuó el diseño. Rolex se consolidó como marca sport, mientras Tiffany & Co. y Cartier se inclinaron por el máximo lujo. La escisión entre los géneros se acentuó hasta hoy. 

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Jackie Kennedy usando su reloj insignia Cartier tank, 1970. Imagen cortesía de Hulton Archive.

Hoy por hoy, la clienta occidental se inclina más por los modelos grandes, mientras en Asia prefieren los modelos más pequeños.

El oro rosa sigue siendo el favorito, en palabras de Claire Choisne, directora creativa de Boucheron, «porque es más discreto que el blanco o el amarillo, da calidez y se mezcla bien con gemas de color». Sin embargo, han irrumpido nuevos materiales como el paladio, parecido al platino pero más ligero, como el que emplea Cartier; y plata, utilizada por Hermès con una aleación del 97% mezclada con otros metales que evitan que se oxide. El diamante sigue también siendo una inversión segura en el mundo relojero, señala Melvyn Kirtley, jefe de Gemología de Tiffany & Co., seguido por los zafiros, las esmeraldas y los rubíes en monturas de relojes-joya, que suponen un regreso a los orígenes de esta pieza.

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