Arte y cultura

“En mi mundo manda el color”, dice Lucrecia Píttaro y tiene razón

Logró conciliar dos horizontes: el diseño textil y su obra artística. Radicada en París, colabora con Jazmín Chebar y marcas internacionales de lujo mientras desarrolla su trabajo más personal.
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Si hay un puente que une al diseñador textil con el artista, ahí es fácil encontrar a Lucrecia Píttaro. Es el color lo que la identifica en los dos mundos. “Entre uno y otro hay un territorio donde pasan muchas cosas y, en general, las más interesantes”, dice desde París, donde se mudó hace doce años.

Lucrecia nació en Buenos Aires en 1982, se crió en el barrio de Palermo y estudió Diseño de Indumentaria y Textil en la Universidad Argentina de la Empresa. “No es que la cursé porque me gustaba la moda y miraba revistas, sino que me parecía una carrera plástica, con muchas posibilidades de poner en práctica la creatividad”, explica. En el tercer año de la carrera entró a Jazmín Chebar, gracias a una amiga del colegio que trabajaba allí y le consiguió una entrevista. Cumplió distintas tareas, hasta que Chebar vio sus dibujos y le ofreció comenzar a desarrollar estampas. “Lo primero que hicimos fueron estrellas, algo abstracto. Cuando vino la muestra yo casi colapso de la emoción. Estábamos todos abrazándonos”.

Siempre supo que quería irse a vivir al extranjero, pero su salida se fue dando de a poco. Primero fueron cursos en las vacaciones de invierno, en Central Saint Martins, la escuela de arte en Londres, o en Istituto Marangoni en Milán. En 2008 llegó el momento de saldar la cuenta que tenía pendiente. “Sentía que había un  mundo y yo quería ir a ver qué era”, afirma.

Los comentarios del artista Pedro Gaeta, su profesor de pintura, sobre sus años vividos en París, definieron la elección. Hacía allí partió, luego de comunicárselo a Chebar. La diseñadora le ofreció seguir trabajando con ellos a distancia. Así comenzó una nueva dinámica, en la que Píttaro colabora en el desarrollo de estampas, gráficos y dibujos, que se plasman en prendas, accesorios, eventos y colaboraciones.

En su ida a París se planteó objetivos claros. Uno fue estudiar. En la Universidad de París 8 obtuvo la licenciatura en Artes Plásticas y el máster en Arte Contemporáneo. Otro fue desarrollar su veta artística. “Al principio me resultaba un poco esquizofrénico trabajar en moda, pensar en un producto. Pero sin querer me sirvió para mi obra, para sumar cuestiones propias del diseño, como la materialidad”. En La Peau, que fue su primer proyecto más formal, reflexionó acerca de la idea de la piel como máscara y utilizó cuero como soporte. Ahora en Voyage des ancêtres, compuesto por cinco series de trípticos, aborda la repetición.

Sus obras tienen un sinfín de tonos. “Pueden parecer muy coloridas y alegres, fáciles de asociar con algo positivo y, en realidad, cuando empezás a mirar un poquito más, hay una cierta incomodidad y angustia”, dice esta diseñadora artista, que también incursiona en cerámica. Una entusiasta a la hora de conquistar nuevos horizontes.

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