Mujer

Armar alianzas, una estrategia femenina y feminista

Los colectivos de mujeres parten de intereses comunes y van en busca de conquistas extraordinarias.
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Las mujeres armamos colectivos, grupos de mensajería, para avanzar y contenernos. Redes, alianzas que derriben las vallas de una estructura patriarcal que se impone en cada estamento de la sociedad. La hermandad de género demostró haber sido un músculo imbatible para iniciar movimientos –como el #NiUnaMenos o el #MeToo– que denuncian y buscan combatir, entre otras inequidades, la violencia de género y sexual, el acoso y el abuso de poder.

Gracias a esta forma de construcción social femenina –y feminista–, y con el envión de las redes sociales, surgieron en los últimos años colectivos que unieron sus voces, como #AhoraQueNosVen. Actrices, periodistas, científicas, economistas, deportistas, cirujanas, publicitarias, profesionales de informática y, más recientemente, “mujeres gobernando”, grupo del actual Poder Ejecutivo Nacional, donde por supuesto no faltan integrantes del primer Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. Uno de sus ejes: transformar “la manera misma en la que se ejerce el poder”, según declaró una de sus integrantes. Porque saben que es muy difícil que las mujeres puedan o quieran acceder a cargos de conducción política si eso implica “reventar la vida privada” (sic). “No todas pueden reunirse desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche –afirmó Cecilia Todesca, vicejefa de Gabinete del gobierno nacional–. Para las que tenemos familia, eso supone que tiene que haber alguien más que se ocupe de todo lo familiar”.

Pionera en perspectiva de género, la neurocientífica Silvia Kochen es una de las fundadoras en 1994 de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología (Ragcyt), junto a la investigadora Ana María Franchi, presidenta del directorio del Conicet, y la doctora en Filosofía Diana Maffía. “La red se constituyó a partir de la Conferencia de Beijing. Lo primero que quisimos saber fue qué pasaba con las mujeres en el Conicet. Como no había datos discriminados por sexo, usamos un artilugio: cada nombre del listado de integrantes del consejo tenía el CUIT, el de los hombres comenzaba en 20 y el de las mujeres en 27; entonces creamos una base de datos y supimos cuántas éramos, posiciones, rangos y disciplinas. Y de manera dura y pura nos enteramos que ahí: una investigadora sabe que si va a tener un hijo, la esperan más dificultades y que no siempre hay un hombre que acompaña”.

Visibilizar esta situación fue un camino de ida, porque al demostrarla, deja de ser una percepción y pasa a ser una política pública. A partir de este registro, Ragcyt impulsó el pedido de medidas de discriminación positivas. “Tuvimos un apoyo muy importante con la incorporación de Dora Barrancos al directorio del consejo –aporta Kochen–. Logramos que se contemplen la licencia por maternidad para las becarias y la extensión de los tiempos de en- tregas de informes y tesis para investigadoras que habían sido madres recientemente. También vimos –esto es un análisis que aún no publicamos– que a igual posición hay más varones casados con hijos que mujeres. Eso pone de relieve que no hay una elección ahí: una investigadora sabe que si va a tener un hijo, la esperan más dificultades y que no siempre hay un hombre que acompaña”.

La tecnología era la esperanza de igualar el terreno, pero pronto se volvió una falacia. El mismísimo Silicon Valley se convirtió en un hervidero de denuncias. La periodista de Bloomberg TV, Emily Chang, fue una de las que en 2018 pinchó el globo con su libro Brotopia (‘bro’ de brothers), revelando que el networking se hacía en las casas de los CEO en medio de fiestas orgiásticas y que los negocios se cerraban en clubs de strippers. Virginia Barros es licenciada en Sistemas y una de las fundadoras de [Las] de Sistemas, una comunidad feminista que trabaja para visibilizar y potenciar mujeres, lesbianas, trans y no binarias en la ciencia de la programación y la tecnología de información. “Necesitamos ser más en la industria. Solo representamos el 20%, por eso damos orientación sobre ofertas académicas y creamos un directorio de especialistas para sortear la excusa ‘no hay mujeres que hablen de’”, señala.

Lo mismo ocurre en los mensajes publicitarios con la reproducción de estereotipos. En este ámbito, pusieron manos a la obra desde Publicitarias.org en 2017. “El 79% del consumo lo manejamos nosotras, pero solo ocupamos el 11% de las direcciones creativas. Buscamos más diversidad en los equipos, no solo más paridad sino más heterogeneidad de clase, color de piel, identidad de género. Y más perspectiva, porque a veces hay avisos muy violentos hechos por equipos de mujeres”, explica Melanie Tobal (30), fundadora y directora general.

Se trata de un cambio de las concepciones generales sobre las relaciones entre varones y mujeres en cada espacio público y privado. Y esto recién comienza. La fuerza que tiene la paridad, la hermandad, es imbatible, en cualquier aspecto de la vida”.

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