Moda

El coronavirus y la moda desde un punto de vista sustentable

El brote es una oportunidad para repensar modelos de producción y consumo con la mirada puesta en cuidar al planeta y también a la industria.
Reading time 5 minutes

La pandemia encierra en sí misma la sorpresa de lo inesperado y el designio de una crónica anunciada. La primera refiere al optimismo que despiertan las manifestaciones de recuperación de la naturaleza, los aires más limpios, los animales más libres, el agua clara; la segunda tiene que ver con la preocupación sobre las consecuencias sociales de la crisis, de las medidas que impuso, de los cambios por venir.

Ricardo Baldi es investigador independiente del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales y sobre las buenas noticias para el medio ambiente asegura que “existe evidencia científica que asocia la pérdida de biodiversidad con la aparición de enfermedades emergentes como el Covid-19”. Por eso agrega: “Nuestro bienestar está ligado al bienestar de los ecosistemas y de las especies silvestres. Las grandes amenazas a la biodiversidad, motorizadas por la actividad humana, también lo son para nuestra salud, la economía y nuestros medios de vida”.

Los beneficios de un entorno natural sano son tanto directos como culturales y emocionales. Producir bajo un modelo que integra a las especies silvestres y sus funciones en el hábitat se traduce también en ventajas económicas a través de certificaciones que orientan el consumo responsable, como la Wildlife Friendly™.

En la Patagonia, el caso de Merino de Península Valdés, el proyecto que un grupo de productores ganaderos, trabajadores rurales, científicos del Conicet y las ONG Wildlife Conservation Society y Fundación Vida Silvestre Argentina llevan adelante se centra en la producción de lana ovina conservando los pastizales naturales, así como los herbívoros y carnívoros silvestres. “Invertir en ciencia para la toma de decisiones es un aprendizaje social tan valioso como la conservación. Las actividades humanas deben orientarse responsablemente hacia la coexistencia con los ecosistemas nativos”, cierra Baldi.

Para Alejandra Gougy, presidenta de la Asociación Moda Sostenible Argentina, una clave para la recomposición del ambiente y del tejido social post coronavirus será la economía circular. “Los materiales ya están ahí: la ropa vintage, los descartes urbanos e industriales, las fibras naturales y los bioplásticos, entre otros”, dice. “Necesitamos el apoyo de políticas públicas que contribuyan a crear comunidad, con responsabilidad ciudadana y empresarial. Es tiempo de recuperar nuestra identidad, de volver a mirar nuestro lugar. Estamos transitando el proceso que va de la globalización a la localización”, agrega.

En un sentido similar se expresa Alejandra Gotelli, pionera en moda sustentable argentina y creadora de Cúbreme, quien coincide en la relevancia de las economías regionales. “Pensar en generar y recuperar las industrias que alguna vez tuvimos no significa grandes inversiones de inicio; se puede comenzar por pequeñas escalas de salida a corto plazo. La cadena de valor desde la generación de las materias primas está quebrada. Para su rearmado, las decisiones conscientes de los consumidores jugarán un rol fundamental. Tal vez la pregunta que mejor guíe nuestros próximos pasos sea: ¿qué lugar quiero ocupar en esta transformación?”. 

Al respecto, la diseñadora y profesora universitaria de biología Patricia Polo también apunta que la consecuencia directa de este brote es un cambio cultural que marca una fisura con las prácticas anteriores. “Ya no se volverá atrás. Si bien la sustentabilidad absoluta es una utopía, el movimiento slow debe ser entendido como una forma de encarar el diseño de ahora en más. Después del Covid-19 se producirá una humanización que profundizará estos cambios de paradigma”, señala. 

El cuanto a la necesidad de prácticas más humanas, Roxana Amarilla, directora del Mercado Nacional de Artesanías Tradicionales Argentinas, advierte que el sector atraviesa una etapa de empobrecimiento. “La crisis económica previa a la pandemia mermó su capacidad de ahorro para sostener la planificación de las actividades. La inversión del Estado será vital para hacer frente a los efectos a futuro. La industria textil cuenta con una enorme mayoría de mujeres (hilanderas, teñidoras y tejedoras) que además deben sustentar los gastos que conlleva estar al frente del hogar. La recuperación es un desafío que alcanza a toda la sociedad mediante nuevos modos de consumo”, afirma.

Por su parte, Moriana Abraham, directora del Posgrado de Especialización en Diseño Textil y de Indumentaria de la Universidad Nacional de Córdoba, añade que estamos frente a una oportunidad imperdible para fomentar cambios positivos. “El papel del diseño es esencial. Se imponen las líneas que venimos trabajando, como la adaptabilidad, la transformación de procesos y materiales, el comercio justo y la producción regional. Tenemos la posibilidad de reinventar la moda, de desacelerar, de conectar con nuestra empatía e indagar en el sentido de lo que hacemos”. 

Tags

Entradas relacionadas

Entradas recomendadas