Moda

Vestir hiphop

Hitos clave del vínculo entre la indumentaria y el género musical. Tendencias, adaptaciones y experiencias locales.
Reading time 8 minutes

En sus inicios el hiphop fue el arte de superar limitaciones. Los vinilos y la tecnología analógica suplantaron la falta de instrumentos. Ese fue el espíritu de un movimiento que surgió a principios de la década de 1970 en los barrios neoyorquinos habitados por las comunidades afroamericana y latina. El género musical conocido como rap, se convirtió tanto en un modo de resistencia como en un camino posible para salir de la pobreza, alejarse de la violencia y del crack que habitaba las calles. En ese proceso, la música no estuvo sola. El grafiti, el breakdance, el slang fueron algunos de los elementos que contribuyeron a redefinir la cultura urbana a nivel global. La vestimenta hizo otro tanto: se fue interpelando a sí misma y cambiando como en las batallas de freestyle, en las que cada expresión tiene su contrapartida.

 

Para los primeros artistas consagrados de mediados de los 70, verse como superestrellas era un símbolo de poder. Con ese fin, los integrantes de Grandmaster Flash & the Furious Five vistieron colas de zorro, pantalones de cuero, cinturones superpuestos, botas hasta la rodilla, gorras de béisbol , sombreros de cowboy y mucha joyería, componiendo una estética extravagante. Los RUN-D.M.C. fueron pioneros en subir al escenario con la misma ropa con la que transitaban las calles de Queens o Brooklyn. Con sus chaquetas de cuero y jeans Lee en color negro,  los gorros Kangol, las gafas Cazal y las zapatillas Adidas de cordones gruesos, lucían igual que sus seguidores. Fue su productor, Russel Simmons, quien les sugirió componer “My Adidas”, el tema que les valió el apoyo inédito de la empresa deportiva. El pacto se selló una noche de 1986 en el Madison Square Garden. Al sonar la canción, los 20 000 asistentes al concierto alzaron sus tres tiras.  

 

Hacia fines de los 80, los integrantes de Jungle Brothers y del colectivo Natives Tongues volvieron la mirada a Africa. Adoptaron una estética bohemia y ecléctica para conjugar con las letras pacíficas que instaban a recuperar la autoestima ancestral. En esa línea, la rapera Queen Latifah lideró la agrupación Ladies First. Para transmitir su mensaje de empoderamiento femenino eligió casacas con aires militares, estampas, tocados y colores de inspiración africana. Mientras, en California, el empresario textil Carl Jones vio la oportunidad de diseñar ropa para sus clientes afroamericanos. Con el ilustrador T. J. Walker, creó la marca Cross Colors y el lema "ropa sin prejuicios”.  Las casacas holgadas en colores saturados y los pantalones amplios ceñidos en la cintura redefinieron sus básicos. Los modelos de campaña solían ser los icónicos artistas Tupac Shakur y Sean "Diddy" Combs

 

Hacia mediados de los años 90 la cultura trascendió las fronteras de su país de origen. El rap gangsta cultivó la opulencia a partir de trajes sastre cruzados, camisas de seda y sombreros bombín. Para finales de la década, los referentes devenidos líderes culturales globales lanzaron sus marcas propias. Jay Z creó Rocawear y Sean "Diddy" Combs debutó en 1999 con Sean John

 

Si bien la relación del hiphop con la moda tuvo altibajos, en los últimos años los artistas son el centro de la mirada de las firmas de lujo. “Fijate la última campaña de Gucci con A$AP Rocky, Tyler The Creator e Iggy Pop. Los raperos se visten con las primeras marcas, pero el juego empezó a cambiar. La verdadera cuestión no es la ropa en sí misma, sino cómo la usan”, relata Eduardo de Crisci, uno de los diseñadores argentinos que interpreta la filosofía de la moda urbana local. “Por último, lo que busco es que mis pares se puedan comprar la ropa que diseño. Logré un precio accesible, que sumado a la calidad y al discurso, cierra perfecto. Quienes cantan, bailan, hacen grafitis, tatúan o toman fotos formamos parte de lo mismo”, agrega De Crisci acerca del sentido de comunidad que atraviesa la marca homónima. Sus colecciones incluyen tipologías autóctonas de silueta oversize, elementos de la indumentaria técnica y deportiva, detalles de sastrería y leyendas personalizadas. 

 

En Argentina, la cultura urbana comprende otros géneros musicales, entre los que se destaca la cumbia como la expresión vernácula más auténtica. Joel Rivas “Perro Primo”, uno de los músicos que viste las prendas de De Crisci, sostiene que una misma esencia puede estar representada por varios estilos. “Cuando creamos la banda junto con D.T. Bilardo, mi hermano y productor, todos nos preguntaban ¿Qué es? Es una fusión, una base sobre la que se puede cantar o rapear; le pusimos Cumbia420”, dice Rivas, y añade que el estilismo de la agrupación juega un papel fundamental en el carácter innovador de la propuesta. “Encuentro inspiración en lo que veo por la calle cuando voy a visitar a mi hermano que vive en Barcelona. O en Instagram, que nos dio acceso a la moda de todo el mundo. En el barrio explotaron los años 90, se usa la ropa grande con zapatillas Jordan o Adidas. Combinamos ropa de marcas especializadas, piezas de diseño o de ferias americanas. Lo más importante es verse original”, apunta el rapero. 

 

“Los raperos se visten con las primeras marcas, pero el juego empezó a cambiar. La verdadera cuestión no es la ropa en sí misma, sino cómo la usan”. Eduardo de Crisci.

En el marco del movimiento Black Lives Matter, que nació en 2013, volvieron las etiquetas de culto creadas en la década de 1990 como una expresión del orgullo afroamericano. Esa moda refuerza un discurso actual, que no parece tan distinto del de las primeras letras que le pusieron voz a los que nadie quería escuchar.  La naturaleza del hiphop contemporáneo es multicultural, y la creciente participación de las mujeres está ampliando la reivindicación de derechos. Seguramente seguirá evolucionando y dando origen a los nuevos estilos de ropa urbana que más tarde reflejarán las pasarelas de las grandes marcas.   

 

Entradas relacionadas

Entradas recomendadas