Arte y cultura

La otra foto de Avedon

Avedon: Something Personal es la nueva biografía del genio de Nueva York que recoge los testimonios de asistentes, modelos, y familiares para registrar todo aquello que quedó fuera del objetivo.
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Norma Stevens, directora del Avedon Studio desde 1976 hasta 2014 y coescritora junto al editor Steven M. L. Aronson de la última biografía del fotógrafo, publicada por Spiegel & Grau, fue algo más que la mano derecha de un icono. “Vamos a hacer mucho dinero juntos y nos lo vamos a pasar muy bien”, vaticinó el neoyorquino el día que convenció a Stevens para subirse a su barco. No se equivocaba. 

Si hay algo que despierta este relato es nostalgia: perderse su cara cuando Diana Vreeland le llamaba “Aberdeen”, los preparativos y las campañas de Calvin Klein y Versace, el día en que convenció a Stephanie Seymour para exponer y capturar su pubis ante sus alumnos de fotografía o su regreso en 1995 después de años sin hacer editoriales de moda con In Memory of the Late Mr. and Mrs. Comfort, en el que fotografió a la modelo Nadja Auermann durante seis semanas en un escenario posapocalíptico que costó a la revista The New Yorker una cifra que superaba los siete dígitos. Por no hablar del momento en que capturó a Dovima entre elefantes en 1955 o cuando su vanidad se topó con dos ancianas especulando sobre la edad que tendría en el tríptico de autorretratos que abría su segunda exposición en el Met en 2002: una aseguraba que el protagonista debía de tener más de 60 años. La otra, que por lo menos 65. “Chicas, están ambas equivocadas: va camino de los 80”.

Hay ciertas cosas que difícilmente podrían reproducirse en la carrera de un fotógrafo estrella hoy, como la duración de su reinado (durante más de cinco décadas, el de Avedon se vio amenazado por Irving Penn, el único al que consideró verdadera competencia, Bruce Weber o Steven Meisel, pero ninguno logró arrebatárselo ni crear un fenómeno semejante), lo relativamente sencillo que le resultó mantener al margen su vida privada (a pesar de haber sido interpretado en el cine por su actor favorito, Fred Astaire, en la película de 1957 Funny Face en la que, por supuesto, participó) y los inicios de su carrera haciendo fotos en la marina mercante o como aprendiz de Alekséi Brodóvich, director de arte de Harper’s Bazaar. Hoy, con el interés general que parece despertar la industria de la moda (sobre todo aquello que trata de esconder), todos esos aspectos habrían volado por los aires con la ayuda de Internet y las redes sociales.

Hazme un ‘avedon’”

Aunque Norma Stevens trató de cumplir la voluntad de Avedon cuando le pidió que escribiese sus memorias (“No seas buena. No quiero un tributo, quiero un retrato. Hazme un avedon”), es evidente que se deja llevar por el cariño. Sus palabras son las de una vieja amiga, prácticamente las de una hermana que no puede ser objetiva y que es benevolente hasta en los episodios más truculentos. Para bien y para mal, más reveladoras son las historias de sus colaboradores. Todos sus asistentes, por ejemplo, aseguran que trabajar a su lado cambió para siempre sus carreras, pero algunos afirman que cuando no eran capaces de seguirle el ritmo en el set podía llegar a apremiarles con una patada. Iluminadores son también los recuerdos de Renata Adler (“Parecía que podía transmitir al espectador una enfermedad contagiosa a través de la fotografía”, cuenta sobre uno de los retratos que le hizo Avedon), los párrafos en los que se hace evidente el enamoramiento que sufrió la estilista Polly Mellen durante los años que colaboraron en Vogue o cómo describe China Machado el viaje a Ibiza que emprendieron para fotografiar a Naty y Ana Abascal para el número de enero de 1965 de Harper’s Bazaar.

La publicación del libro no estuvo exenta de polémica: la Richard Avedon Foundation solicitó a la editorial que cesase “su publicación, distribución y cualquier uso derivativo o colateral” por estar “lleno de incontables inexactitudes”. La fundación, que fue dirigida por la coautora desde su inauguración en 2004 hasta 2009, asegura que el libro se basa en una obra de ficción que el propio Richard Avedon estaba preparando con Doon Arbus (la hija de Diane Arbus) cuando le sorprendió la muerte en un viaje de trabajo en Texas. Las páginas de este libro son en parte biografía, en parte memoria y en parte historia oral. Impresiones, en definitiva, para que puedas formar la tuya.

Imágenes cortesía de Spiegel & Grau (Susan Chieco, Stevens Family Collection, Alan Kleinberg)

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