Arte y cultura

Carta editorial

Mayo 2020.
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Por mi ventana de al ver verás, brilla un rayo al amanecer, las horas ya no pasan, las heridas se han ido, todo dura un instante, todo dura un instante para toda la vida.

Fragmento de “Al ver verás”, del disco Téster de violencia de Luis Alberto Spinetta, febrero de 1988. 

 

Los diarios de confinamiento ya se escribieron o se escribirán. Son versiones originales que replican sentimientos encontrados de cientos de miles de personas. En todos los idiomas, cruzando culturas, migrando a la velocidad del wi-fi. Ya estuvimos ovillados en la incertidumbre, la angustia, el letargo. De a poco nos vamos desarmando, reprimiendo las ganas de tocar el hombro ajeno y aprendiendo a hablar debajo del barbijo, rogando que los cristales no se empañen. 

Descubrimos muchas cosas de nosotros y de los otros. Las agendas de citas impostergables se desvanecieron. Y el futuro volvió a ser escurridizo; intentamos adivinarlo con “la ñata” frente al vidrio. Sin reloj en la muñeca, sin paradas de colectivos ni estaciones de subte, despistados con el calendario, nos preguntamos ¿qué día es hoy? La televisión recuerda la fecha de la cuarentena administrada. “Ah, hoy es el día... Perfecto. Gracias”. Lo mejor que nos puede pasar mientras vamos de la cama al living es repetir como un mantra “SIEMPRE ES HOY”. Un retazo de luz, un golpe de lluvia, un segundo picante. Tan infalible como la poesía. Redondo como AL VER VERÁS.

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