Arte y cultura

La fotografía de la intimidad

Tres fotógrafas para seguir.
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Fotografía: Lucía Galli

Una acción congelada. Una nena en malla sostiene a una beba que está sobre la cama, con el movimiento de querer irse, mientras parece que le susurrara un secreto al oído. Un poco más adelante aparece en diagonal un nene que gatea sobre esa misma cama de flores. El ojo hace un recorrido triangular, la acción que cada cuerpo estaba haciendo despliega líneas hacia afuera de la imagen. Parece una pintura renacentista. Tiene movimiento y nada da la sensación del congelamiento del gatillo fotográfico. El color es el tono cálido de las siestas de verano, cuando la luz traspasa por las cortinas y el adentro es un refugio hogareño para el calor. La foto analógica le da una textura granulada, un foco imperfecto, herramientas artesanales para retratar la intimidad de esos primos.

“El registro de lo que yo siento que es obra es un acto completamente narcisista”, dice Lucía Galli, fotógrafa, docente y codirectora de Santa, un espacio de formación y encuentro fotográfico. Su trabajo está en la línea que parece gris entre el diario íntimo fotográfico y la obra de autora, pero en realidad no hay gris; hay decisiones estéticas, hay obra por un lado y fotos familiares por el otro. Su materia de obra, en todo caso, es la misma: sus hijas y su pareja son las personas que aparecen vinculadas a un espacio, a ella y a la intimidad de esos vínculos. “Es un acto para mí. Mi manera de fotografiarlas tiene que ver con un goce estético muy personal, no tiene que ver con ellas como hijas o yo como mamá que registra su crecimiento, no agarro la cámara cuando algo me conmueve, sino que agarro la cámara cuando creo que es un momento hermoso para ser retratado”.

Mientras piensa y habla, aunque las palabras no salen tan fáciles, porque nombrar lo que se hace nunca es fácil, menciona las maestras que la inspiran: Paula López Droguett, Ana Casas Broda o Carmen Winant. "Lo que muestro y lo que se transforma en obra no es lo que me guardo para mandarle a mi vieja o mis suegros", refuerza esa diferencia porque en esa insistencia, donde Lucía hace años busca distintos puntos de vista para retratar la intimidad de los espacios vinculares, es donde está el gesto de artista. "Creo que el relato de una madre criando a sus hijas es político, es una manera de visibilizar una tarea que se encuadra en una lucha histórica por ser agenciada. Hay mucho por resolver en este rol maternal que nos deja a las mujeres en un lugar del cual es difícil reponernos, de agotamiento, cansancio, agobio, mucha soledad y que encierra una terrible inequidad de género"

Lo indómito de la juventud

La pausa, esperar el momento adecuado, contemplar, apretar el botón, sentir la vibración de la máquina cuando dispara la foto y el rollo gira. "La película 35mm aporta el verdadero documento físico", dice Violeta Capasso, una exquisita artista fotográfica documental. "Los negativos guardados, elegir un fotograma, cuidarlo, hace que sea un proceso distinto y delicado, como de álbum familiar, así de personal".

El soporte técnico hace a la obra, y no tanto por el resultado final que también se puede reponer o lograr mediante edición digital, sino por todos estos gestos que implican tomar una fotografía en una cantidad determinada de fotogramas.

En su libro Qué queda después, Violeta Capasso retrata fiestas, mesas de luz con puchos, medicamentos, coca-colas, camas deshechas, olas que chocan sobre las rocas de Mar del Plata, espejos rotos, piernas peludas, flacas, depiladas, manos, altares, destrucción, noche, día y vagabundeo.

"Catalogo mi obra fotográfica como documental, recuperando el término que se usa para foto salvaje o de realidad política/ambiental, pero usándolo en el plano autobiográfico, íntimo", dice y se reafirma: su ojo tiene una domesticación silvestre, fotografía lo indómito de la juventud.  

Como una caja que se entierra con tesoros para ser encontrados en el futuro o un mail que se programa para dentro de diez años, Violeta registra lo que consume, lo que compra, el territorio que habita y cada sentimiento que destaca, porque en su obra visual hay una documentación del ser joven hoy. "Lo que sucede puertas adentro también es documento, el día a día, las acciones, la emoción". En su libro autobiográfico, Capasso seleccionó fotografías que tomó entre 2009 y 2019 y que pretenden registrar esos diez años de su vida adolescente. Reflexiona en imágenes sobre la experiencia de ser mujer en una época previa a la explosión del feminismo popular. Una narración de la calle, la soledad, los primeros encuentros con el cuerpo propio y ajeno, los diagnósticos. Una poesía visual de lo cotidiano. 

Una mirada personal."Me gusta fotografiar los momentos alcanzados por la luz, lo delicado de estar vivo, lo chiquito, las señales en la calle y en el mundo puertas adentro. Hay algo especial en cómo elegimos vivir este momento de la historia, y cómo lidiamos con la actualidad. Podemos elegir refugios distintos, ver el amor de maneras extremas, o dejarnos estar. Las condiciones humanas y el comportamiento que tomamos para sobrevivir me fascina, y me gusta estar lo suficientemente cerca y atenta para ver esos destellos del cotidiano".

La intimidad política

La obra fotográfica de la intimidad producida por artistas argentinas jóvenes no se veía hasta hace poco en las galerías de arte ni en los museos. Como pasa en la literatura del yo, adjudicada a autoras de la feminidad, o en la obra audiovisual sobre el archivo familiar, las fotógrafas todavía no encuentran su espacio en el mercado mainstream porque para el mercado, la intimidad sigue siendo vista como algo femenino. 

Ellas van por el costado, su camino es independiente y su mano derecha es internet. Mariana Pacho López, una fotógrafa basada en Mar del Plata, es una de las precursoras de este registro íntimo, analógico y difundido por internet. Desde Flickr hasta Instagram, su obra recorrió internet desde los comienzos -tal vez antes- de las redes sociales.

Formada en la fotografía analógica cuando lo digital aún no había llegado a ser una herramienta masiva, Empalagarme de mar, como es su alias en internet, comenzó su carrera en un registro artístico y político de su intimidad. Sus amigas, su esposa, su entorno, los cuerpos, la desnudez y lo cotidiano son su materia. "Me interesa mostrar a la persona realmente como es, no ejercer mi mirada sobre ella o sobre él. Mi objetivo es lograr encontrar en esa intimidad la verdadera persona, su sinceridad, sus gestos y poder allí fotografiarla".

Esa aproximación hacia las personas, sus movimientos y los gestos la fueron convirtiendo en una fotógrafa de referencia en la moda consciente. Su trabajo se puede ver en múltiples emprendimientos que buscan una comunicación sincera sobre los cuerpos y los elementos. Y, al elegirla, su mirada se plasma en toda su obra, sea comercial o personal. 

Como dice la frase de la segunda ola del feminismo "lo personal es político", Mariana entiende muy bien que una fotografía de ella, que puede parecer un registro casual de lo cotidiano, en realidad significa un acto político importantísimo. "El ser mujer lesbiana me puso en un lugar de lucha y de resposabilidad sobre eso. A través de mi fotografía visibilizo mundos que antes no eran posibles de mostrar y que actualmente en ciertas partes del mundo son reprimidos y hasta juzgados con la muerte".

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