Arte y cultura

Marina Yuszczuk, una intimidad de terror

Entrevista L'Officiel.
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Desde 2013, cuando irrumpió en el under de la literatura argentina con su poemario Madre soltera (Mansalva, 2014), Marina Yuszczuk regó de manera sostenida sobre el campo de las letras eso que tanta alergia le daba a los varones del cánon: textos ligados a la intimidad de su vida. Ese libro, que habla sobre el lazo en apariencia indivisible de una mujer con su bebé, y lo explosivo y solitario que puede ser la maternidad, circuló de mano en mano entre las mujeres, año tras año, convirtiéndose en un clásico subterráneo de la literatura independiente. Casi una década después, ese poemario se siente clave, un eslabón necesario para que en las librerías se encuentren otros textos sobre ser madre y lo que conlleva tener un hijo, bajo el registro no convencional de lo privado. No solo abrió caminos, el poder de esos 78 poemas sigue vigente y la incluye en un “boom” de textos sobre maternidad no tradicional. En 2020 integró su poesía reunida bajo el título Madre soltera y otros poemas (Blatt & Ríos) y cruzó el Atlántico para tener su versión española en la hermosa editorial Las afueras. Con esto, Marina despierta un consenso como una de las escritoras que consolidó su carrera a fuerza de obra.

Bahiense no por nacimiento sino por lugar de crianza, Yuszczuk creció junto con su voz literaria, la que se fue robusteciendo a medida que la pila de libros con su firma crecía. Cada uno bajo el ritmo de una nueva aventura de las formas: una novela, unos poemarios, unos relatos, unos cuentos. En ella la escritura se expande como sombras en la penumbra de su casa antigua de Parque Patricios, en ese barrio del sur de la ciudad donde la historia se palpa y convive con el agridulce olor de los márgenes, refugio ideal para gestar su última y celebrada novela: La sed (Blatt & Ríos)

Allí una vampira llega a Argentina después de unos siglos de peregrinar por Europa y transita la historia argentina con hambre de sangre criolla hasta que cruza miradas con una mujer contemporánea, una madre de la mano de su hijo, mientras visitan el cementerio de la Recoleta. Una novela que puede leerse como género de fantasía o terror, y que habla en realidad sobre lo más primitivo del ser humano: el deseo sexual y el lazo con la madre. Dos cosas que atraviesan todos los textos de Yuszczuk.

En la sala de su casa, al resguardo del sol sofocante del verano, la también periodista y editora de su propio sello Rosa Iceberg, confirmó la teoría: “la calentura y la escritura son dos partes de la misma cosa para mí”. La pregunta que originó esa frase fue en qué punto de su vida puede detectar que comenzó su formación como escritora, ella respondió que fue durante esa lectura hambrienta de la adolescencia, donde el deseo sexual estaba ligado a devorar novelas, una detrás de la otra. No bastó mucho más en la conversación hasta que enumeró todos los lazos maternales que hay en sus textos. Sea desde el lado de la hija o de la madre, esa relación primaria siempre aparece en su escritura. “Ya voy a tener que dejarme de joder con esto”, se ríe. Queda claro que en su obra, sea el género que sea, su escritura retrata ese vínculo con una operación del lenguaje que la vuelve tan íntima, que no importa si la narradora es ella misma, una vampira en el siglo XIX o una creyente Testigo de Heová en el siglo pasado, la evocación se hace carne al leerla.

¿Por qué escribir sobre una vampira cuando el registro habitual era la autoficción? Esa pregunta no resiste su propio archivo. En Madre soltera ella está en la cueva que es su casa, fantasea con la mujer que amamantó a un lobo, retrata lo salvaje, y también el infierno de la noche con un bebé, logrando que la fantasía resuene en todo el texto. “Si tiraba de esas ideas seguro salían cuentos de terror”, dice. Marina intuía que había algo que la limitaba a correrse de lo real, aunque no entendía bien qué era o por qué le pasaba. Pero en un momento pasó, la ficción cobró vida. “La escritura no la mezclaba con la cinefilia. Por un lado escribía poesía y por el otro escribía crítica de cine de terror, pero en mi cabeza esos temas estaban separados de la literatura”.

Cuando la realidad que vivimos se vuelve inverosímil, tal vez ese sea el momento en el que lo fantástico se mete en el texto. Marina acompañó a su mamá en una larga enfermedad degenerativa hasta que murió, y eso que vivía, al intentar llevarlo a la literatura, quedaba falso, corto, incompleto. En su libro de cuentos ¿Alguien será feliz? (Blatt & Ríos) hay un relato sobre la enfermedad de su mamá que escribió como una descarga, pero después al leerlo sintió que no le alcanzaba la realidad para expresar lo que sentía. Cuando la vida supera a la ficción se vuelve inverosímil para la literatura, y la fantasía suele ser una aliada para expresar mejor lo que se vive. “No sé si es una característica de la enfermedad de mi mamá, pero un poco sí porque lo hablé con otras personas y me dijeron que sentían lo mismo, es como si estuvieras metido en una pesadilla todo el día durante mucho tiempo, entonces tenés que escribir una pesadilla. Es muy irreal estar de duelo, no estás en la realidad del todo, es muy solitario porque todo lo que te pasa por la cabeza es bastante atroz, y en el mundo no hay donde poner eso”.

En el epígrafe de La sed, Marina escribió “Para mi mamá, el fantasma que vive conmigo”. De esa idea salió otra novela que está escribiendo ahora, o por lo menos su primera versión. “Creo que va a ser mucho más de terror que la anterior”, dice, aunque sabe que cuando se escribe no tiene dominio sobre el efecto tendrá en quien lee y eso, por primera vez en su vida, la hace sentir insegura. Sin saber del todo lo que está haciendo, la escritura fuera de sus géneros habituales le produce un malestar que puede traerle de a ratos satisfacción por la novedad, y también sufrimiento por la ausencia de control. “Tengo ideas que no son fantásticas también, solo que ahora me están saliendo estas”, y agrega que aunque no lo ve tanto en la escritura en sí, la figura de Mariana Enriquez le abrió un camino, la influenció porque demostró que se podía escribir sobre estas temáticas.

Y en esa mezcla de horror e intimidad también está la vida. Dos días antes de la entrevista fue el femicidio de Úrsula Bahillo, y como en cada fecha relacionada a Ni una menos, al feminismo o la maternidad, en las redes replican uno de los poemas de Madre soltera, uno que dice: “A una mujer / si alguna vez se hace madre, /o no / en las puntas de los dedos / tienen que crecerle garras”. “Es alucinante, es como un sticker que la gente pone en distintos lugares, y me etiqueta. Es increíble, porque no es sólo el libro el que se sigue leyendo, es el poema. Escribí uno de esos poemas, ¡como el de Fabián Casas y la bolsa de basura!". 

 

Sin llaves y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.

Fabián Casas.

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