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Vitamina D

Indispensable para huesos y dientes, el organismo necesita de la radiación solar para producirla. Pero, ¿cuánta? ¿Existe una exposición saludable?
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La vitamina D es un tema de especial interés en los últimos años, a partir de estadísticas que alertan. Su falta es un problema en el mundo, especialmente entre los habitantes de las ciudades industrializadas. En Argentina no hay números concluyentes, pero como dice la Dra. Silvana D´Angelo, dermatóloga y cirujana cosmética: “Varios estudios demuestran que del 50 al 80 % de la población tiene algún déficit, y es mayor en el sur de la Argentina por estar más alejado del Ecuador y tener menos horas de luz solar”. Y lo que dice cobra más significado porque es casi imposible pensar a uno sin el otro: el sol es el actor protagónico en la síntesis de la vitamina D, un nutriente fundamental para el cuerpo. “Le debemos la mineralización del sistema óseo a todas las edades, y numerosos procesos metabólicos. Es necesario en el cuerpo para absorber el calcio, pero también para el buen funcionamiento de la piel y del sistema inmune y el nervioso”, agrega D´Angelo, también directora del centro de dermatología DS y docente universitaria.

La piel es sin duda la principal fabricante de vitamina D del organismo. Ella sola genera el 80 %; la radiación ultravioleta es el mecanismo que pone en marcha toda la maquinaria. Es cierto que solo oír hablar de radiación alcanza para recordar una larga lista de contraindicaciones referidas a la exposición. Sin embargo, no se trata de desafiar al sol, responsable del envejecimiento precoz y muchas enfermedades relacionadas con la piel; con solo una toma breve, el requerimiento está cubierto: “Entre 10 a 15 minutos al día aportan el 80 % de vitamina D que el cuerpo necesita, el resto se puede obtener de los alimentos”, agrega la doctora.

“Entre 10 a 15 minutos de exposición solar al día aportan el 80 % de vitamina D que el cuerpo necesita, el resto se puede obtener de los alimentos”. Dra. Silvana D´Angelo.

¿Dónde encontrarla?

Pescados, lácteos, algunos cereales, huevo, palta, legumbres, frutos secos, son los responsables de originar vitamina D de manera exógena. Eso sí, el aporte de todos ellos es bastante insignificante en relación con lo que el sol puede proveer; habría que comer kilos y kilos. Ahora bien, consumirlos siempre ayuda y los suplementos son otra variante que puede servir de complemento, aunque como advierte D´Angelo: “No hay que tomarlos sin que lo indique un especialista. Aunque poco frecuente, el riesgo de hipervitaminosis D suele ser por megadosis de suplementos, no por exceso de sol o alimentos, y podría dañar los huesos y traer cálculos renales, náuseas, vómitos, arritmias, entre otras dolencias”.

La producción de vitamina D también está sujeta a ciertas variables. Las recomendaciones no son las mismas para todos los tipos de piel. Las más oscuras no sintetizan tan bien porque tienen menor reacción al sol. Con la edad también decrece la capacidad de procesar esta vitamina. “Las indicaciones deberían ser personalizadas previo análisis de laboratorio para medir los niveles en cada paciente”. La época del año, ubicación geográfica también cuentan, igual que el lugar de trabajo: en una oficina o al aire libre.

Otro tema que despierta dudas: ¿hay que tomar sol en todo el cuerpo o alcanza con algunas zonas? Para D´Amato es “indistinto”, aunque sugiere que las partes que están normalmente más expuestas como cara y brazos suelen dar mejor respuesta. Y otro punto a considerar es si la exposición es con o sin protector. “Lo ideal para la mayor producción de vitamina D es no usarlo y disfrutar los beneficios del sol en un horario prudencial”. Lo que se dice un “permitido”, que mientras genere vitamina D favorece, entre otras cosas, a las defensas y el estado de ánimo.

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