Fashion Week

NYFW: Marc Jacobs se divierte con el maximalismo

El diseñador presentó una colección Primavera-Verano 2020 alocada, como siempre, pero con siluetas más realistas que en sus desfiles anteriores.
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Marc Jacobs atraviesa una etapa maximalista. Siempre fue un poco exagerado en sus puestas sobre la pasarela, desde cameos de Lady Gaga hasta un paseo teatral por el Ziegfeld, pero en el otoño de 2018 dio un giro hacia el extremo en los peinados de las modelos (cortes radicales y colores audaces) y una moda ecléctica difícil de adoptar en la vida real. Desde entonces sus colecciones empezaron a viralizarse incluso antes de que terminaran los desfiles. El efecto comercial de su estrategia fue impresionante, aunque los críticos siempre le cuestionan que el modisto apueste tanto al marketing.

En su desfile de la Semana de la Moda de Nueva York, Jacobs lo hizo –casi–nuevamente: presentó diseños divertidos y deslumbrantes, con una onda rotundamente neoyorquina, pero esta vez se enfocó también en quienes compran su ropa porque, si bien sus alocadas creaciones artísticas le aportan un toque único a la moda y son excelentes para la alfombra roja, deben usarlas personas que no están en las vidrieras.

Jacobs acusó recibo de los pedidos de una "mayor portabilidad" de sus diseños. Primero cambió su etiqueta Marc by Marc por The Marc Jacobs para su línea contemporánea, y el desfile del miércoles 11 de septiembre a la noche, en el cierre del NYFW, mostró ese sentido de realidad que se le reclamaba, aunque no renunció a su pasión por el maximalismo.

La sencillez no es opción para Jacobs y no tendría por qué serlo: la alta costura no tiene por qué ser sencilla. La colección Primavera-Verano 2020 del diseñador tiene una buena cantidad de vestidos espectaculares inspirados en flores, volados enormes y sombreros que llaman la atención por atención con su color y tamaño.

Gigi Hadid fue parte del selecto grupo de modelos con minivestidos divertidos y una cierta reminiscencia de los años 60 y estampados y colores salvajes, pero con siluetas más razonables, lejos de las formas estrafalarias y los volúmenes inusables de las colecciones pasadas.

El desfile, además, tuvo otra sorpresa: fue planteado a la inversa de lo tradicional. Las modelos caminaron todas juntas por el salón –que es lo que suele suceder al final– y luego hicieron pasadas individuales para que el público pudiera concentrarse en los detalles. Fue divertido, original y permitió que los invitados pudieran posar junto a las modelos. Hubo abrazos, sonrisas, alegría y el toque delirante del maestro Jacobs, que apareció para saludar subido a zapatos con plataforma.

Esa energía vibrante fue el cierre de la Semana de la Moda de Nueva York que este año se permitió, una vez más, disfrutar de la fantasía.

 

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