Pop culture

María Campos y una vida en base a canciones

Con voz arrabalera y fuerza resiliente, logró su lugar en los escenarios porteños.
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María Campos se desnuda frente al público en cada una de sus canciones. Lo hace con una cuota de humor, pero sin vueltas. Fue la terapia más eficaz y sanadora que encontró en una vida marcada por una montaña rusa emocional. Segunda de cuatro hermanos, su madre es la artista plástica Mercedes Larreta y su padre, el ingeniero agrónomo Enrique Campos Alvear. Creció en un ambiente conservador, donde la música era vista como un pasatiempo. Ese encuentro tenso está presente en su construcción como artista.

Su disco debut, Popular, se convirtió en éxito y sus canciones sumaron casi dos millones de reproducciones en Spotify; compuso la cortina de la última tira de Polka, Separadas, y Fito Páez la invitó a cantar en un recital frente a veinticinco mil personas. Ahora, espera ansiosa el fin del aislamiento para presentar en sociedad su segundo álbum, Santo entendimiento, que ya adelantó en redes sociales.

Es difícil encasillarte en un género musical, ¿cómo llegaste a ese estilo tan particular?

Empecé como corista en una banda de rock. Después me pasé al blues con un grupo que se llamaba Los insolventes. Ahí hacía música negra, desde Aretha Franklin a Koko Taylor. Era una buena imitadora, quería cantar como Céline Dion. Siempre en inglés, hasta que Josi García, la hermana de Charly, me enseñó a modular en castellano. Algo que parece sencillo, pero no lo es. Y así empecé a cantar en mi idioma y nunca más en inglés.

Descubriste tu pasión por la música de chica. Sin embargo, tardaste en lanzar tu carrera, ¿en el medio te imaginabas dedicándote a otra cosa?

En mi familia cantar era tomado como un hobby, así que alguna vez dije que iba a estudiar abogacía o algo así. También intenté con diseño porque me gustaba dibujar. Pero no me aguantaba. Tenía una fobia terrible a las instituciones. En la primaria fui la mejor alumna hasta que en la secundaria me di vuelta. Me rebelé contra la existencia misma y estuve muy deprimida. Por diez o quince años, salía a cantar y no podía volver a hacerlo más, cancelaba shows. Una vez vino Gustavo Santaolalla a proponerme un disco y le dije que no. Fueron años de terapias y construcción de amor propio. No me quedé sentada en un sillón, luché mucho para quererme.

-¿Y cuál es tu historia? Si tu vida fuera una película, ¿qué narraría?

A una chica que nació en una familia con muchos privilegios a nivel económico, pero que fue una comodidad muy incómoda. Solita elegí hacerme valer como persona a través de mi música y no ser una tilinga marca cañón. Nadie quiere que salgas del tupper porque es como revelar que no está bueno estar ahí adentro. Y, a la vez, tampoco le hace gracia al que está afuera. Por eso fueron tantos años de soledad y de guerra adentro mío. El escenario fue un buen lugar para hacerme valer. Y por más que te discriminen de un lado y del otro no, ahí no existe nada más que tu emoción y tu música.

No quería ser una “minita”, sino tener los mismos derechos que ellos arriba del escenario, ser igual. El mundo musical es extremadamente machista.

A pesar de que tus canciones tienen mucho contenido feminista, no es un término que usás para definirte, ¿por qué?

No me gustan las etiquetas y siento que cada una lucha desde donde puede. Quizá yo no voy a las marchas, pero grabé dos discos con mucho contenido feminista. Incluso empecé a cantar para buscar un lugar de igualdad con los hombres. No quería ser una “minita”, sino tener los mismos derechos que ellos arriba del escenario, ser  igual. El mundo musical es extremadamente machista.

¿De qué hablan tus canciones?

De duelos inconclusos. Escribo cuando algo me duele. Necesito esa dimensión para poder transitar algo que me incomoda. Cuando escribo no tengo escudo. Me permito decirme cosas terribles, pero siempre con humor y sin resentimiento, sin apuntar hacia los demás. A mí no me quedó otra que conectarme con la emoción para salvarme y sanar, porque estuve muy desenamorada de la vida.

-¿Cuál fue tu mejor momento profesional?

Haber cantado para veinticinco mil personas con Fito Páez en el piano. Fue lo más fuerte que me pasó. Una responsabilidad brutal. “No tenés más excusas para no dar lo mejor cada uno de tus días”. Fue una comunión con la vida.

-¿Y el mejor consejo?

“Sé vos misma”. Suena muy simple pero que te lo digan justo antes de salir al escenario tiene mucha fuerza y es un privilegio. El poder es animarte.

 

Fotografía: Sol Abadi. Estilismo: Jorge León.

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