Arte y cultura

Gabinete de curiosidades

La arquitectura, la tradición y la contemporaneidad según Frida Escobedo.
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Ya desde la infancia, la arquitecta mexicana Frida Escobedo centró su interés en la observación de los diversos modos de habitar, aun en un mismo edificio. A través de su ventana espiaba las historias particulares de sus vecinos. Esa mirada marcó su rumbo. Formada en la Universidad Iberoamericana y con una maestría en Arte, Diseño y Dominio Público en Harvard, obtuvo las herramientas necesarias para transitar una carrera de proyección internacional. Entre sus obras clave están la restauración de La Tallera del reconocido muralista David Alfaro Siqueiros y el pabellón 2018 en la Serpentine Gallery. Tras su participación en el 7º encuentro internacional de diseño e interiorismo (DArA ID), tuvimos la oportunidad de dialogar con ella. Esto nos contó:  

 

¿Cuál es tu primer recuerdo vinculado a la profesión? 

Mi padre es médico. De pequeña me llevaba al hospital y me dejaba en la sala de espera, que daba a un edificio de departamentos. Podía pasar horas mirando esa multiplicidad de vidas en un mismo objeto de arquitectura y observando cómo cada persona contaba su historia. Algo muy voyerista. Esa fue mi primera aproximación al espacio. 

¿Cómo definirías tu trabajo? 

Es difícil definirse a uno mismo. Me tocó ser parte de la generación mexicana en la que ya no se podía ser arquitecto especialista, no había tantas oportunidades; antes era un valor agregado. Pero esa necesidad de ser flexibles para sobrevivir se volvió una oportunidad. 

¿Cómo construiste tu identidad profesional, tu manera de hacer las cosas? 

No lo sé, creo que funciona como la personalidad. Hay decisiones claras, pero hay otras que te van encontrando. Hay instancias que surgen del cúmulo de interacciones que vas teniendo en el camino.

En 2010 estuviste a cargo de la restauración de La Tallera de Siqueiros. ¿Cómo se hizo sin modificar la identidad del espacio? 

Era una casa realizada en el tiempo, con añadiduras. Había que darle una unidad para que se sintiera como un museo en el sentido más institucional. La prueba fue abrir su patio con murales y transformar parte de la propiedad privada en pública. Siqueiros creía que el arte tenía que ser público, un muralista clásico. La obra se inició justo a la mitad de mi maestría. Fue un buen balance, un recordatorio de cómo se hacen las cosas. Puedes estar todo el día en lo teórico, pero finalmente hay un porcentaje que es práctico: se debe resolver en un tiempo y con un presupuesto.  

En 2018 fuiste elegida para realizar un pabellón en los jardines de la Serpentine Gallery de Londres, evento clave en la agenda internacional. 

Recibir la invitación fue una gran sorpresa. Era un reto muy grande. El pabellón se vende cada año y eso significa que se va a trasladar a otra ubicación. ¡Ahí tuve mi momento eureka! Porque entendí que se rompía esta idea de que la arquitectura tiene que ser específica al sitio y, en términos ideales, permanente. Pensé: este pabellón es temporal y se puede volver permanente en otro lugar que no conocemos. Ahí sentí la contradicción de cómo encaramos los espacios. Me generó además, la posibilidad de pensarlo de modo abstracto, incorporando las nociones de tiempo o la división de la tierra en meridianos y paralelos. El meridiano 0 está a pocos kilómetros de la galería, sigue la misma línea. Quise tener un pabellón respecto de ese meridiano. Cuando se vuelva a trasladar siempre tendrá ese fantasma. Tú sabrías dónde estaba el norte al entrar, era una brújula muy sutil.

¿Cuáles son tus decisiones estilísticas en relación con tu casa, tus objetos, tu modo de vestir? 

Vivo en un edificio de los años 60 realizado por el arquitecto y urbanista Mario Pani. Tiene nostalgia, una sensibilidad que se siente muy específica. Busca historias. Lo mismo hacemos con Mauricio, mi marido. Preferimos tener pocas piezas en la casa, eléctricas; son una colección de los intereses que vamos teniendo a lo largo del tiempo. Con respecto a la ropa, elijo cada vez más cosas masculinas, me parecen más prácticas. Me la paso robándole camisas a mi marido. 

¿Creés que la idea del habitar se va a ver transformada tras la pandemia y el aislamiento? 

Creo que esto, lamentablemente, no va terminar pronto; nos va a permitir evaluar cómo queremos construir los espacios, quiénes los van a habitar y de qué manera. Pienso  que abre posibilidades interesantes.

 

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