Arte y cultura

Cerati desde la óptica electrónica

El libro “Geometría de una flor”, de Gito Minore, rescata un perfil del artista siempre elogiado pero poco analizado: su relación con la música electrónica.
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Gito Minore (Buenos Aires, 1976) tenía una vasta experiencia como lector y escritor de textos musicales, además de ser organizador de la Feria del Libro Heavy. Por eso resulta lógico que ese camino lo llevara a escribir un libro sobre Gustavo Cerati, su puerta de entrada al mundo de la música, el artista que lo inspiró a escribir canciones. El resultado es Geometría de una flor, que analiza una fructífera pero no tan estudiada alianza en la carrera del astro del rock: su relación con la música electrónica.

“Quería homenajearlo. Unos tres años atrás, mientras escuchaba por enésima vez el disco Colores Santos, se me ocurrió escribir algo sobre ese disco. Pero después redescubrí sus proyectos de cepa electrónica y así surgió la idea”, comenta sobre la génesis de su investigación, que llegó a las librerías de la mano del sello Gourmet Musical.

A propósito de Colores Santos (1992), el álbum que Cerati grabó junto a Daniel Melero, muchos lo consideraron en su momento una de las primeras manifestaciones electrónicas masivas en Argentina. Sin embargo, ellos mismos renegaron un poco de esa etiqueta. Minore: “Tanto Cerati como Melero se encargaron de desmitificar eso. Para ellos, Colores Santos era un disco de rock contemporáneo, que absorbía estilos de lo que sucedía en otros lugares, como una esponja. Pero sí, está atravesado por las máquinas y los sintetizadores, es un disco-entrada bastante grande a ese mundo”.

Ya en las primeras etapas de Soda Stereo hay coqueteos de Cerati con la música electrónica. El escritor señala los remixes de Sobredosis de TV y Nada Personal editados en 1985, pensados para las pistas de baile de aquel momento, que salieron editados en cassette. En el disco Languis (1989) también hay remixes. “Y claro, está Rex Mix, que es apenas previo a Colores Santos. Con los remixes ya demostraba una curiosidad por la electrónica”.

El libro también cuenta la historia de Plan V, el proyecto con el que Cerati entra de lleno en la electrónica en 1996, y también de Ocio y su relación con artistas como Flavio Etcheto, Leandro Fresco, Gustavo Lamas, Estupendo o Leo García, todos ellos asociados de alguna u otra forma a esta música.

Minore también le dedica varias páginas a Bocanada (1999), su álbum favorito del artista y con el que Cerati salió al mundo luego de la disolución de Soda. “Bocanada es la síntesis. Todo su trabajo previo en el rock y el pop, y todas las investigaciones electrónicas propias de la época están ahí”, dice el autor de Geometría de una flor. “Para mí es el mejor disco del rock argentino. Está el uso del sampler y también hay canciones puramente electrónicas”. 

“Cerati descubre y se mete en la electrónica gracias a músicos de una escena emergente”, plantea el escritor. “Los medios tenían los ojos puestos en él y estas incursiones le llamaban la atención a algunos diarios, como Clarín, La Nación y Página 12. Entonces iban a ver los shows de Plan V y Ocio. Eso amplificó una escena underground. Puede ser que mucha gente se haya involucrado en la electrónica a partir de Cerati, pero no creo que él sea el responsable. En todo caso colaboró para eso”, concluye. 

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