Belleza

Para sentirse mejor: la tendencia que sale en busca del reflejo real

Luchar contra el paso del tiempo dejó de ser el objetivo. El concepto pro-aging invita a proyectar y conseguir la mejor versión de cada persona.
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La industria está cambiando. De a poco se borran las fronteras que la separan de la salud para ofrecer un enfoque de cuidado del cuerpo más holístico. La tendencia, bautizada pro-aging, no se propone combatir el envejecimiento sino acompañarlo de la mejor manera posible y con una visión integral. Si ese avance se resumiera en dos líneas, diríamos que el mercado reacciona a una realidad: hoy las personas se preocupan un poco menos por verse más jóvenes y un poco más por sentirse mejor. Ser deseable a cualquier costo ya no está bien visto. Si hasta hace unos años parecía natural achicharrarse bajo el sol o encerrarse en una cama solar con la excusa de la palidez, ahora resulta un absurdo.

El pro-aging no rompe con los mandatos de la juventud eterna pero los quiebra. Hay compañías que se suman al debate y otras que aprovechan la movida como una estrategia de marketing. Pero, aunque en algunos casos el giro sea tan sutil como reemplazar la palabra anti-age del empaque por otras como pro-age, slow age o age defying, todo avance suma para que el mensaje empiece a llegar: el envejecimiento es una realidad contra la que la mayoría ya no está dispuesta a luchar.

Una de las marcas que se identifican con esta postura es Dove. Desde hace años realiza acciones para romper con los estereotipos. La última se llama #Mostremos y es un banco de imágenes creado junto a Getty Images y Girl Gaze. “Sabemos que ocho de cada diez no se sienten representadas por las fotos o publicidades que ven y por eso generamos este proyecto”, cuenta su gerente, Luciana Podestá.

Ser pro-age no significa abandonar cosméticos y tratamientos. Entre sus mandamientos figura, por ejemplo, proteger la piel de las agresiones externas, como la polución, los rayos solares o el estrés; revalorizar los ingredientes naturales; y elegir cremas con principios activos ecológicos y libres de procesos tóxicos o contaminantes. En este sentido trabaja Weleda desde sus inicios. “Con el paso del tiempo las necesidades de la piel cambian –dice convencida Isabel Escalante, su responsable de Marketing–. Para mantener o recuperar el equilibrio de su metabolismo hay que cuidarla con ingredientes naturales. Así mejora su color y aspecto, y mantiene los resultados a largo plazo”.

En el consultorio, el médico dermatólogo Fabián Bottegal es consciente del cambio entre las demandas de sus pacientes. “La idea un poco exagerada de labios prominentes, pómulos muy marcados, bronceado intenso y delgadez extrema está en extinción –explica–. Hoy la belleza tiene que ver con una expresión más integral de nuestra persona”. Para Bottegal, una piel bella es una piel sana y no necesariamente sin arrugas.

Pero el concepto pro-aging no termina en la visita al dermatólogo: intervienen múltiples disciplinas para lograr la ansiada armonía. Una dieta balanceada, donde se valoran los productos no industrializados, las grasas insaturadas y las frutas y verduras de estación es otra de las claves. “La delgadez no es sinónimo de salud”, advierte la nutricionista Jesica Lavia.

Con el pasar de los años además, explica Lavia, el metabolismo se modifica y hormonalmente sufrimos alteraciones. ¿Cómo acompañar estos procesos? Es imprescindible llevar un plan de alimentación balanceado. “Debe responder desde lo físico, pero también desde lo psíquico y social –aclara Lavia–. Es la única manera de lograr un estado de salud completo”.

Y el ejercicio es otro de los pilares. “La evidencia de los múltiples beneficios que produce una actividad física regular es extensa. Puede prevenir desde hipertensión y diabetes hasta depresión y ansiedad”, revela Patricia Sangenis, médica cardióloga, especialista en Medicina del Deporte.

¿El concepto pro-aging corre el riesgo de convertirse en un nuevo imperativo? Por ahora es simplemente una alternativa más amable y menos frustrante que la movida anti-age. Como escribió la filósofa y ensayista Susan Sontag: “No es el deseo de ser bella lo que está mal, es la obligación de serlo”.

 

Ilustración MARÍA REBOREDO

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