Arte y cultura

5 razones para ver series coreanas

¿Cansados de las repetidas fórmulas made in USA y de los sangrientos policiales escandinavos? Otro Netflix es posible.
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El Oscar que le dieron este año a Parasite, el film de Bong Joon-ho, convirtió lo que era casi un secreto entre iniciados en vox populi: la industria audiovisual de Corea del Sur está lanzando al mundo películas y series de gran calidad. Los K-Dramas (así se conocen las series de ese país) comparten la mezcla de géneros, en la que caben el romance, el humor irónico de la comedia y el infaltable thriller que agrega suspenso a la receta, con una módica dosis de crítica social. De tono amable, tienen menos sangre y sexo que las estadounidenses y europeas. El inventario es amplísimo y, gracias al streaming, se puede acceder a muchos títulos ya traducidos al español. Razones para verlos sobran:

1. Las historias. En las series surcoreanas late de fondo la tensión entre las tradiciones del confucionismo –con su respeto por las jerarquías sociales y la familia patriarcal– y la acelerada modernización de una potencia emergente. El punto de intersección es la entrega devota al trabajo. El sacrificio personal es una constante, así como las arbitrarias injusticias de los poderosos. La fantasía, la ciencia ficción, el cruce de épocas son modos de huir de una realidad agobiante. Pueden transcurrir en la antigüedad, como en Kingdom, una suerte de Game of Thrones con zombis. O como en El Rey, un monarca que viaja en el tiempo persiguiendo al asesino de su padre y encuentra el amor en el futuro. Pero también en la contemporaneidad de Itaewon Class, donde un muchacho que fue condenado injustamente a prisión instala su restaurante en un barrio hípster de Seúl con una cocinera trans. Por cierto, su guión está basado en un webcómic: los K-Dramas suelen reutilizar elementos de la cultura pop (redes sociales, videojuegos, música popular coreana).

2. Los personajes. Los protagonistas luchan contra su destino predeterminado. Casi siempre terminan refugiados en pequeños pueblos lejos de la ciudad. Hay quien escapa de casamientos arreglados por sus padres (Bajo la lluvia), de la asfixia que le genera el entorno por su divorcio (Heaven’s Garden), un matrimonio fallido (Do, do, sol, sol, la, la, sol) o un embarazo imprevisto (Cuando la camelia florece). Las series coreanas no les temen a los personajes poco convencionales. Sea un estricto fiscal, lobotomizado en su infancia, que lucha implacablemente contra la corrupción (Stranger). O una escritora de cuentos infantiles enamorada del enfermero de un psiquiátrico, que contrata a su hermano autista como ilustrador (Está bien no estar bien). 

3. El estilismo. En esta última serie, la pareja estelar está tan lookeada que crearon una cuenta de Instagram, itsokaytonotbeokayfashion, donde detallan a qué diseñador o colección internacional pertenece cada uno de sus outfits. Una particularidad de las series coreanas es el notable estilismo de los varones: sus cortes de pelo, tinturas e indumentaria. Véase, como muestra, la adorable comedia romántica El amor es un capítulo aparte, cuyo protagonista es el escritor mejor vestido del mundo. 

4. El universo tech. Corea del Sur es una gran productora de tecnología. Y las últimas series están hablando sobre eso: la competencia es despiadada pero siempre hay lugar para el amor (como en Start-Up), aunque sea un holograma que cobra vida para compensar la soledad de su usuaria (Holo, mi amor). 

5. La cultura gastronómica. La comida tiene una presencia crucial en los K-Dramas. Se puede aprender mucho sobre la barbacoa coreana, que se cocina directamente en la mesa, o el ya famoso Kimchi. Ver Immortal Classic, por ejemplo, puede ser una gran introducción a las 300 variedades de este alimento fermentado que hoy está de moda en todo el mundo.

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