Mujer

Azucena en flor

La hija de Sol Acuña y Hernán Coudeu se abre paso en la moda mostrándose como es. Espontánea, graciosa, salvaje.
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Su madre tenía elegido el nombre Azucena mucho antes de que naciera. En realidad, había querido llamar “Proyecto Azucena”, a la marca de ropa con aires bohemios y orientales que creó en 1999 con Josefina Helguera y el empresario De Narváez. El negocio se llamó (y se llama) Rapsodia, y Azucena quedaría para las postales ilustradas con figurines –mujeres de pelo suelto y varias capas de prendas estampadas– de cada colección. Cinco años después, la exmodelo y empresaria Sol Acuña se dio el gusto de llamar Azucena a la hija mayor. Azucena Coudeu, hoy tiene 17 años, y muchas miradas puestas en su carrera como modelo. Hasta hace poco había hecho pequeñas incursiones en el oficio desde las redes sociales de la empresa familiar, pero ahora es la cara principal de marcas como Complot y realiza producciones para la tienda multimarca uruguaya, Magma, bajo el ala de la agencia de modelos nacional, Civiles

“Me siento cómoda frente a la cámara. Me divierte y siempre me gustó sacarme fotos y subirlas a Instagram. Cuando me convocaron de la agencia me dijeron que estaban buscando personas reales; gente que tuviera una voz propia y algo para decir”, comenta Zuzu desde el otro lado de la videollamada del hemisferio, en medio de una escapada de esquí con la familia a Aspen, Colorado. 

La adolescente rubia con corte bob, nariz Acuña y ojos almendrados color miel tiene la tranquilidad propia de quien se crió al lado del mar Pájaros Pintados, la casa familiar con forma de barco a vapor ubicada en el pueblo de José Ignacio en la costa uruguaya, fue una especie de refugio que eligieron sus padres, luego del nacimiento sin vida de su hermana Ludivine, a fines de 2009. Pero también fue el rincón ideal para crecer, sanar y donde luego se gestaría Lucio, el hermano de Zuzu que hoy tiene ocho años. “La vida en Uruguay fue muy linda, de salir a caminar por las rocas con mi mamá y mi papá (Hernán Coudeu), aunque bastante solitaria. En invierno, nuestro farol era el único que iluminaba la cuadra; iba al colegio en San Carlos y éramos solo once alumnos en el aula. A medida que fui creciendo, mamá se dio cuenta de que necesitaba estar rodeada de más gente, con más estímulos, pero fue una época necesaria para la familia”, reflexiona. 

Amante de las redes sociales –como toda centennial–, de la cocina y de crear contenido para su canal de YouTube, Azucena combina su nuevo trabajo con el último año de colegio y un emprendimiento gastronómico, Zuzu Cooks, que empezó en medio de la pandemia para paliar la angustia que le provocaba el aislamiento.

“En Instagram se ven muchas vidas que parecen perfectas y ese no es mi estilo”.

¿Cómo surgió Zuzu Cooks? 

Cocino desde los nueve años y durante la cuarentena me la pasé haciendo tortas. En mayo, por sugerencia de una amiga de mamá empecé con @zuzucooks, para vender tortas online y por el chat del barrio cerrado, en Pilar. Me la pasé cocinando todos los fines de semana y el Día de la Madre fue tremendo, pero por lo menos me ayudó a estar activa porque el año pasado, cuando la vida fue toda a través de zoom, me angustió bastante. Fue muy difícil concentrarse en el estudio. De repente lloraba por la noche y me daba cuenta de lo importante que era estar con mis amigas; antes daba por sentado que las encontraba en el colegio. Por eso, la cocina me sirvió como terapia y distracción. 

¿Y qué fue lo que más te interesó de empezar a modelar?

Es un mundo que me resulta familiar. Desde chica me sacan fotos con mamá, ya sea para revistas o para Rapsodia, pero este año voy a terminar el secundario y me pareció bueno tenerlo como un trabajo alternativo. Tengo la intención de estudiar comunicación o marketing de moda y es una buena manera de introducirme en la industria. Sin embargo, quiero hacerlo a mi ritmo, no tengo ningún apuro. Soy una persona muy tranquila y me tomo mi tiempo para hacer las cosas a conciencia.  

¿Te gustaría trabajar en la empresa familiar? 

Sí, claro. Rapsodia me parece una de las mejores etiquetas del país, que supo sostener un ADN y hacer de su personalidad un estilo de vida. A veces mi mamá me cuenta cómo era su vida como modelo y luego como empresaria de la moda; admiro mucho la carrera que hizo y hace. Ella realmente es mi ídola, porque sé de su crecimiento laboral y de su capacidad creativa. Me copa acompañarla y estar presente cuando realizan alguna campaña y saber más de todo lo que tiene que ver con las fotos, las redes sociales, la comunicación. También, me consulta acerca de algunos diseños de las colecciones; si creo que las elegirían las chicas de mi edad, cuáles usarían y cómo lo harían. 

¿Te sentís identificada con el apelativo de influenciadora?

No mucho. Me gusta interactuar con la gente a través de las redes y los videos, dar recomendaciones o ayudar a mostrar algún emprendimiento, ahí ¡lo dejo todo! El otro día, por ejemplo, que la temperatura era de 37 grados, me puse un pantalón de cuero que me mandaron y mi hermano Lucio me hizo las fotos. Pero, para ser una influenciadora debería estar todo el día en Instagram, sacarme fotos y ponerle mucha pila…la verdad es que eso no me interesa. Ahí se ven muchas vidas que parecen perfectas y ese no es mi estilo. Prefiero mostrarme como soy: haciendo chistes y hasta desarreglada y no haciéndome la sexy. Además, estar todo el tiempo conectada me saca mucha vida y prefiero estar presente en la vida real disfrutando. Lo que sí siento es que tengo una voz propia, que es genuina y creo que eso es lo que llama la atención.

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